Queridos lectores les compartimos nuestras calaveras literarias!
Tiqui-Taca
Para: Prof. Flores, Prof. Tochimani y
Profra. Claudia
Por: Yessica Itzel Ramos Vega
Michel Silva Morales
Erick Porras Flores
Tengan cuidado profesores que la muerte
anda lista
y ustedes están en la lista,
Tiqui-taca yo me escape una vez de la
flaca
aunque casi me mata con su hacha.
La calaca tilica se llevará a la Profa.
Claudia
sólo con sus calzones porque es muy mala,
a que canija calaca, yo le pido una
disculpa
si es que metí la pata.
Tiqui-taca ahí viene el canijo
Flores para enseñarnos la demanda,
pero “horitas” con el sueldo no alcanza ni
para el taco de canasta,
eso no me agrada, mejor le voy a entrar a
las coloradas.
Mucho cuidado Tochimani ahí viene la
calaca
y ni con la física vas a poder con la
flaca,
tercer año es como la matraca,
sólo es para darnos lata.
AL PROFE GUADALUPE DE BIOQUÍMICA
Estaba feliz Lupito
en laboratorio de química,
pues con un examen “facilito”,
reprobó a los chicos de bioquímica.
Muy tristes los pobrecitos,
vieron pasar a la flaca
y haciéndole ojitos,
le pidieron que se lo llevara.
Respondió la calaca:
“¡Imposible!, a éste aún no le toca,
pues no todo lo ha vivido,
ya que aún no ha hecho sufrir a los “chiquillos”.
Mas llorando los alumnos suplicaron:
“En ti nuestra fe ponemos,
confiamos que antes de haberte ido,
nos libres de éste suplicio”.
La flaca compadecida,
cargó con Lupito de bioquímica
y los chicos de la optativa,
pasaron el mejor día de su vida.
AL PROFE GUADALUPE DE BIOQUÍMICA
Por: Cervantes Montiel Eduardo
Gómez Rodríguez Amairani
Reynoso Méndez Amellaly Monserrath
Villaverde Pérez Dulce Rubí
Estaba feliz Lupito
en laboratorio de química,
pues con un examen “facilito”,
reprobó a los chicos de bioquímica.
Muy tristes los pobrecitos,
vieron pasar a la flaca
y haciéndole ojitos,
le pidieron que se lo llevara.
Respondió la calaca:
“¡Imposible!, a éste aún no le toca,
pues no todo lo ha vivido,
ya que aún no ha hecho sufrir a los “chiquillos”.
Mas llorando los alumnos suplicaron:
“En ti nuestra fe ponemos,
confiamos que antes de haberte ido,
nos libres de éste suplicio”.
La flaca compadecida,
cargó con Lupito de bioquímica
y los chicos de la optativa,
pasaron el mejor día de su vida.
A mis queridos profesores.
Estaban los profes en su reunión
de academia riéndose
Por los reprobados del 3A entre tanto
cantó y llanto de risa
Llego la calaca vestida de mona lisa.
Víctor Hugo tomando su jugo anhelando
ser quien
Le diera traca traca le dijo ñaca
ñaca
a mi no me espantas
Flaca calaca.
¡Ah
meeendiga! Dijo la profa Susana mientras
Comía las galletas de su hermana y por
imitar a clavillazo
Quiso timar a la calaca metiéndole
un rodillazo.
La calaca a la profa Aracely quiso
hacer enojar así que
Desapareció toda la chía del lugar la profa muy triste
Se puso a llorar mientras la calaca
reía
sin parar.
Después visito al profe Alejandro pero
alguien
Por su casa andaba rondando así que el
Profe quedo espantado pensando que la
calaca quería
Quedárselo.
Autores:
Jorge Eulogio Sánchez
Ramírez
Santiago de Jesús
Rodríguez
García
Omar Sánchez centeno
Les compartimos los poemas que declamamos en el dúo poético.
YA QUE PARA DESPEDIRME
Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más justa causa negros.
Y aun ésta te hablará torpe
con las lágrimas que vierto,
porque va borrando el agua
lo que va dictando el fuego.
Hablar me impiden mis ojos;
y es que se anticipan ellos,
viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.
Oye la elocuencia muda
que hay en mi dolor, sirviendo
los suspiros, de palabras,
las lágrimas, de conceptos.
Mira la fiera borrasca
que pasa en el mar del pecho,
donde zozobran, turbados,
mis confusos pensamientos.
Mira cómo ya el vivir
me sirve de afán grosero;
que se avergüenza la vida
de durarme tanto tiempo.
Mira la muerte, que esquiva
huye porque la deseo;
que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.
Mira cómo el cuerpo amante,
rendido a tanto tormento,
siendo en lo demás cadáver,
sólo en el sentir es cuerpo.
Mira cómo el alma misma
aun teme, en su ser exento,
que quiera el dolor violar
la inmunidad de lo eterno.
En lágrimas y suspiros
alma y corazón a un tiempo,
aquél se convierte en agua,
y ésta se resuelve en viento.
Ya no me sirve de vida
esta vida que poseo,
sino de condición sola
necesaria al sentimiento.
Mas, por qué gasto razones
en contar mi pena y dejo
de decir lo que es preciso,
por decir lo que estás viendo?
En fin, te vas, ay de mi!
Dudosamente lo pienso:
pues si es verdad, no estoy viva,
y si viva, no lo creo.
Posible es que ha de haber día
tan infausto, funesto,
en que sin ver yo las tuyas
esparza sus luces Febo?
Posible es que ha de llegar
el rigor a tan severo,
que no ha de darle tu vista
a mis pesares aliento?
Ay, mi bien, ay prenda mía,
dulce fin de mis deseos!
Por qué me llevas el alma,
dejándome el sentimiento?
Mira que es contradicción
que no cabe en un sujeto,
tanta muerte en una vida,
tanto dolor en un muerto.
Mas ya que es preciso, ay triste!,
en mi infeliz suceso,
ni vivir con la esperanza,
ni morir con el tormento,
dame algún consuelo tú
en el dolor que padezco;
y quien en el suyo muere,
viva siquiera en tu pecho.
No te olvides que te adoro,
y sírvante de recuerdo
las finezas que me debes,
si no las prendas que tengo.
Acuérdate que mi amor,
haciendo gala de riesgo,
sólo por atropellarlo
se alegraba de tenerlo.
Y si mi amor no es bastante,
el tuyo mismo te acuerdo,
que no es poco empeño haber
empezado ya en empeño.
Acuérdate, señor mío,
de tus nobles juramentos;
y lo que juró la boca
no lo desmientan tus hechos.
Y perdona si en temer
mi agravio, mi bien, te ofendo,
que no es dolor, el dolor
que se contiene atento.
Y adiós; que con el ahogo
que me embarga los alientos,
ni sé ya lo que te digo
ni lo que te escribo leo.
Sor Juana Inés De La CruzYa que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más justa causa negros.
Y aun ésta te hablará torpe
con las lágrimas que vierto,
porque va borrando el agua
lo que va dictando el fuego.
Hablar me impiden mis ojos;
y es que se anticipan ellos,
viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.
Oye la elocuencia muda
que hay en mi dolor, sirviendo
los suspiros, de palabras,
las lágrimas, de conceptos.
Mira la fiera borrasca
que pasa en el mar del pecho,
donde zozobran, turbados,
mis confusos pensamientos.
Mira cómo ya el vivir
me sirve de afán grosero;
que se avergüenza la vida
de durarme tanto tiempo.
Mira la muerte, que esquiva
huye porque la deseo;
que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.
Mira cómo el cuerpo amante,
rendido a tanto tormento,
siendo en lo demás cadáver,
sólo en el sentir es cuerpo.
Mira cómo el alma misma
aun teme, en su ser exento,
que quiera el dolor violar
la inmunidad de lo eterno.
En lágrimas y suspiros
alma y corazón a un tiempo,
aquél se convierte en agua,
y ésta se resuelve en viento.
Ya no me sirve de vida
esta vida que poseo,
sino de condición sola
necesaria al sentimiento.
Mas, por qué gasto razones
en contar mi pena y dejo
de decir lo que es preciso,
por decir lo que estás viendo?
En fin, te vas, ay de mi!
Dudosamente lo pienso:
pues si es verdad, no estoy viva,
y si viva, no lo creo.
Posible es que ha de haber día
tan infausto, funesto,
en que sin ver yo las tuyas
esparza sus luces Febo?
Posible es que ha de llegar
el rigor a tan severo,
que no ha de darle tu vista
a mis pesares aliento?
Ay, mi bien, ay prenda mía,
dulce fin de mis deseos!
Por qué me llevas el alma,
dejándome el sentimiento?
Mira que es contradicción
que no cabe en un sujeto,
tanta muerte en una vida,
tanto dolor en un muerto.
Mas ya que es preciso, ay triste!,
en mi infeliz suceso,
ni vivir con la esperanza,
ni morir con el tormento,
dame algún consuelo tú
en el dolor que padezco;
y quien en el suyo muere,
viva siquiera en tu pecho.
No te olvides que te adoro,
y sírvante de recuerdo
las finezas que me debes,
si no las prendas que tengo.
Acuérdate que mi amor,
haciendo gala de riesgo,
sólo por atropellarlo
se alegraba de tenerlo.
Y si mi amor no es bastante,
el tuyo mismo te acuerdo,
que no es poco empeño haber
empezado ya en empeño.
Acuérdate, señor mío,
de tus nobles juramentos;
y lo que juró la boca
no lo desmientan tus hechos.
Y perdona si en temer
mi agravio, mi bien, te ofendo,
que no es dolor, el dolor
que se contiene atento.
Y adiós; que con el ahogo
que me embarga los alientos,
ni sé ya lo que te digo
ni lo que te escribo leo.
Este es el enlace para ver nuestro video: Dúo Poético
Presentan:
Michel silva Morales
Luis Edmundo Fernandez
dúo poético
Santiago de Jesús Rodriguez García
Eduardo Cervantes Montiel
PUEDO escribir los versos más tristes esta noche
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.